sábado, 17 de enero de 2015

Brenda Ann Spencer "I don't like Mondays"

Brenda Ann Spencer

Todos en algún momento hemos detestado el primer día de la semana, ya sea porque significa la vuelta a nuestros trabajos o estudios, y por ser el primero siempre pesa un poco más que los siguientes días. Si pudiéramos evitarlo, muchos haríamos “cualquier cosa”, pero el personaje de esta historia es una excepción.

La joven Brenda Ann Spencer rompió con lo imaginable al llevar su desagrado por el lunes a otro nivel, haciendo temblar a toda una nación.

Nació el 3 de abril de 1962 en San Diego, California. A sus 16 años era una típica chica de los años 70’, algo introvertida, creciendo en el hogar de unos padres recién divorciados y enfrentándose a una sociedad llena de estereotipos. Nunca alguien hubiera imaginado que bajo la apariencia de timidez de Brenda Ann, se ocultaba una potencial asesina a sangre fría.

En la Navidad de 1978, su padre Wallace Spencer con el cual vivía, le regaló un rifle calibre 22 con mira telescópica y 500 municiones ¡vaya padre! lo que hizo que Brenda se pusiera muy feliz pues, tenía cierta afición a las armas de fuego y a las historias llenas de violencia con las cuales fantaseaba muy a menudo. Además, deseaba dispararle a un policía.

La mañana del lunes 29 de enero de 1979 parecía ser normal para todos excepto para Brenda Spencer, quien estaba decidida a re-escribir la historia posicionándose en el centro de atención, forma curiosa de disipar su aburrimiento. Estando sola en casa, vio el momento preciso para que sus fantasías por fin cobraran vida. Tomó su rifle y se posicionó en una ventana encontrando rápidamente un objetivo: la escuela elemental de Cleveland que se ubicaba justo enfrente de su casa.

Brenda Spencer comenzó a disparar hacia los alumnos mientras reía, haciendo de ésta una escena llena de locura. Para tener 16 años, su puntería era muy buena, hiriendo rápidamente a 8 alumnos. El director de la escuela, Burton Wragg trató de protegerlos y se interpuso entre las balas y los niños, perdiendo así la vida al igual que el celador Mike Suchar, quien trató en vano de ayudarlo. 

Al llegar la policía, Brenda Spencer le recibió con disparos hiriendo a uno de ellos en el cuello. Los oficiales rodearon su casa de inmediato. Durante 6 horas permaneció atrincherada hablando con los negociadores. Al rendirse y ser capturada, se le preguntó en el interrogatorio el por qué de sus acciones. Brenda Spencer sólo se encogió de hombros y respondió: “No me gustan los lunes, sólo lo hice para alegrarme el día no tengo una razón más, fue por divertirme. Me gusta el rojo y el azul de las chaquetas de los alumnos. Vi a los niños como patos que andaban en una charca y a un rebaño de vacas rodeándolos. Eran blancos fáciles para mí”. Brenda Spencer fue juzgada como adulta y declarada culpable de dos asesinatos y asalto con arma mortal. Fue sentenciada a una condena de entre 25 años a cadena perpetua con opción de libertad condicional.

Desde el incidente, ella ha pedido libertad bajo palabra 4 veces, dando 4 argumentos diferentes, entre ellos: que no fue quien disparó sino los policías, también alegó en su defensa que se encontraba bajo la influencia del alcohol y a pesar de encontrar botellas medio vacías en la casa, no presentó signos de intoxicación alcohólica. En las audiencias del 2001, y la más reciente en el 2009, Brenda Spencer aseguró ser víctima de maltrato y abuso por parte de su padre bajo los influjos del alcohol. A esta acusación, él respondió que no era cierto ya que se auto-identificó gay desde su nacimiento. Ella alegó que esa experiencia de abuso y maltrato la llevó a cometer este crimen.

Al negársele las peticiones de libertad bajo palabra, tendrá otra oportunidad de solicitar la libertad en el año 2019.

El crimen de Brenda Spencer y su falta de remordimiento inspiraron al músico Bob Geldof que compuso el tema I don’t like Mondays, donde se comentan los hechos ocurridos en la fatídica fecha. La canción fue un éxito del grupo británico Boomtown Rats, del cual Bob era vocalista.

La profundidad de la mente humana es incalculable al igual que todo lo que la rodea, pero cuesta creer que esta canción haya sido entonada por millones de personas,  enganchadas por sus melodías alegres. Algunos conocen la sombría historia detrás de la misma, pero otros no. I don’t like Mondays es un homenaje lúgubre a un acto cruel, producto de la sangre fría de la joven Brenda Ann Spencer

El padre de la asesina también debería haber ido preso. Un menor en su sano juicio reconoce las consecuencias de sus acciones, pero poseer un arma -es decir, tener el poder de decidir sobre la vida de otras personas- es una responsabilidad muy grande para alguien que todavía no tiene suficiente madurez mental.

El texto de la publicación puede encontrarse en el siguiente video: Brenda Ann Spencer

martes, 13 de enero de 2015

Kimberly Michelle Hricko, asesinato en San Valentín

Kimberly Hricko

Kimberly Hricko era una técnica quirúrgica con mucho futuro, nacida en 1965 en Maryland, Estados Unidos.

No pudo haber elegido una mejor fecha para asesinar a su marido: lo mató el 14 de febrero en plena víspera de San Valentín. El asesinato ocurrió en 1998 y fue arrestada 3 meses después.

Aunque ella y su marido llevaban una vida cómoda de clase media, el motivo del crimen fue el cobro del seguro de vida de su pareja, Stephen Hricko, quien tenía 35 años. Kimberly le inyectó ácido clorhídrico y luego prendió fuego la habitación del hotel que estaban compartiendo.

La imagen brillante y suburbana del esposo (que había estado con ella 9 años) se desvaneció entre el humo y las llamas del día de los enamorados. Ambos se habían trasladado a la costa este de Maryland, en una escapada romántica que los llevó hasta un campo de golf que ofrecía un paquete de San Valentín: un complejo propicio para unas merecidas vacaciones. En el complejo se organizó un juego entre todos los adultos presentes, lugar en el que vieron una novela policíaca y luego trataron de resolver entre todos el asesinato que acontecía. Pero nadie estaría preparado para vivir ese día, una trama policíaca 100% real y extremadamente espesa, cuando se descubrió que en la habitación donde se hospedaba la pareja
Hricko, aparecería más tarde el cuerpo carbonizado de Stephen.

Aunque
Kimberly Hricko afirmó que su marido se había emborrachado y que murió por la inhalación de humo, la autopsia no mostró signos de alcohol o de monóxido de carbono que debería haber quedado en su cuerpo. Además, los amigos y compañeros de trabajo de la acusada declararon que ella había confiado sentirse “amargamente infeliz” en su matrimonio, y que además quería deshacerse de su marido… no obstante, nunca sospecharían que esta declaración sería tan literal. Por otra parte, un compañero de trabajo declaró que Kimberly Hricko le ofreció 50.000 dólares para asesinar a su marido. También surgieron fuertes rumores de que ella estaba teniendo una aventura con un hombre más joven.

En el juicio de Kimberly Hricko, se descubrió que ella había utilizado un paralizador muscular casi imposible de rastrear (usado como anestésico en la cirugía). En altas dosis, la sustancia paraliza el diafragma y detiene la respiración del sujeto, produciendo un daño cerebral fatal en cuatro minutos. El crimen sería para recoger la póliza de seguros de US$ 400.000. 


Otra prueba en su contra fue el cigarrillo que dejó intencionalmente en la escena del crimen, para que la habitación tomara fuego: diría en su defensa el marido lo dejó prendido accidentalmente y que al estar borracho no reaccinó cuando todo se prendió fuego. La policía pudo comprobar que esa marca de cigarrillos la había adquirido ella previamente, aún cuando negó en un principio haber sido quien los compró.

Kimberly Hricko fue declarada culpable de ambos cargos (incendio y asesinato en primer grado) el día 20 de marzo de 1999 y condenada a cadena perpetua más un plus de 30 años de prisión.

Un detalle anecdótico es que la fama del hotel creció después del asesinato y a menudo, los huéspedes solicitan la habitación donde murió Stephen Hricko.

sábado, 10 de enero de 2015

Arline Lawless

Arline Lawless

Arline Lawless (también conocida como Arline Seavey) de 25 años, mascaba chicle constantemente y hablaba con monosílabos mientras se declaraba culpable en la Corte Superior del Condado de Knox, por haber matado a tiros a su novio de 34 años de edad, Norman Benner.

Lo mató mientras él dormía. Los motivos del asesinato: estaba atemorizada de que Benner pudiera dejarla por otra mujer. Luego de la masacre, se disparó a sí misma en el rostro y se quedó en el dormitorio con el cuerpo de Benner durante al menos un día, hasta que fueron descubiertos por miembros de la familia del hombre asesinado.

Arline Lawless y Norman Benner habían estado saliendo durante casi 4 meses, pero él no estaba pasando del todo bien en su relación. Una vez le confesó a su madre que “Arline Lawless era tan pegajosa que sería capaz de despertarlo en el medio de la noche para preguntarle si tenía intenciones de dejarla”.

Situaciones similares a la descrita condujeron a Norman Benner a ponerle fin a la relación, pero aunque intentó dos veces cortar el noviazgo, fue imposible a causa de las peleas desatadas. Cuando fue a casa de Arline Lawless para enfrentarla definitivamente, él no volvió a aparecer.

Esa noche, cuando Norman Benner no regresaba, su madre, padre y hermana comenzaron a preocuparse. Al dirigirse hacia el domicilio de su novia encontraron a Benner con un disparo mortal en la parte trasera de la cabeza, en uno de los cuartos. Ella también estaba herida, pero no muerta.

Si bien en un principio, la asesina dijo desconocer lo que le había sucedido a su novio, más tarde terminó confesando el crimen.
Arline Lawless intentó que se la declarara inimputable alegando que a los 14 años había sufrido un accidente automovilístico que la dejó con problemas de salud mental, pero luego de las pericias psicológicas, los investigadores determinaron que se encontraba “completamente lúcida” para entender sus actos y las consecuencias de los mismos. Había estado planeando el crimen e incluso pidió prestada un arma para cometerlo. Se sospecha que las únicas causas fueron los celos y el deseo de controlarlo completamente para que no volviera a estar con ninguna otra mujer. Sin embargo, Arline Lawless no ha explicado formalmente los motivos del asesinato.

Fue condenada a 35 años de cárcel. A pesar de que el crimen haya sido castigado, la madre de la víctima (Dawn Benner) no está conforme con la sentencia por la muerte de su hijo: “No es satisfactorio en absoluto. Eso no es justicia, la asesina podrá caminar por las calles en 32 años”, es decir, la pena puede verse reducida por buena conducta. El asesinato se consideró por la Corte Superior bajo la carátula de “violencia doméstica”.
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