sábado, 24 de enero de 2015

Justina Morley

Justina Morley

Jason Sweeney era un adolescente que trabajaba junto con su padre. Vivía en el vecindario de Fishtown, Filadelfia.

El adolescente había conocido hace poco a una chica llamada Justina Morley de 15 años. Comenzaron a salir 2 semanas atrás, pero Jason Sweeney desconocía la realidad: la chica mantenía relaciones con otros dos jóvenes: Nicholas Coia y Edward Batzig Jr.

El 30 de Mayo de 2003, Jason recibió su pago de 500US$ luego de trabajar con su padre. Justina Morley le había propuesto tener una nueva cita, pero en esta oportunidad, habría sexo. Jason intentó impresionarla mostrándole el dinero que había cobrado, producto de su trabajo. Sin embargo, los chicos no se dirigieron al cine, a cenar o a bailar, Justina Morley lo condujo hacia una zona solitaria donde tenía todo preparado; tres jóvenes lo esperaban: Edward Batzig Jr y Nicholas Coia de 16 años (con quienes Justina tenía intimidad) y Dominic Coia de 17 años.

Edward ya conocía a Jason y de hecho, había sido su mejor amigo desde 4to grado por lo tanto, fue quien empezó a lastimarlo: lo golpeó en la cabeza unas 4 o 5 veces. Los otros jóvenes (incluida Justina) comenzaron a hacer lo mismo.

Lo golpearon repetidamente en la cabeza y en la cara, utilizando armas que habían llevado como hachas y martillos. También usaron piedras. Cuando se percataron que la víctima había muerto, le robaron los US$500.  La cabeza de Jason Sweeney fue completamente aplastada. La única parte que no recibió daños fue el pómulo izquierdo.

Cuando dejaron la escena del crimen, Justina Morley y los tres jóvenes se dieron un abrazo entre todos celebrando lo hecho, luego pasaron a repartirse el dinero para comprar drogas de toda clase. Después de esto, continuaron festejando.

Al día siguiente (sábado) un grupo de niños que hacían mountain bike encontraron el cadaver. Estaba irreconocible a causa de las heridas y no tenía identificación, entonces fue llevado a la morgue para examinarlo y obtener más pistas. La policía que había sido informada del hecho, comenzó a estudiar las denuncias de jóvenes desaparecidos y hallaron que el padre de Jason había reportado recientemente su desaparición, diciendo que había sido visto por última vez el día viernes.

La policía le solicitó que fuera a la morgue a reconocer el cuerpo. El día lunes, confirmó lo peor: se trataba de Jason Sweeney, su hijo.

A la policía no le fue difícil hallar a los responsables: la familia de la víctima contó que él iba a reunirse con Justina Morley y algunos testigos aseguraron haberlo visto recientemente con los hermanos Coia.

Los jóvenes involucrados fueron citados a declarar y pronto confesaron el crimen:

Dominic Coia dijo en la corte que todos eran culpables en la muerte de Jason. Todos lo habían golpeado por igual hasta quitarle la vida.

La policía determinó que el asesinato había sido premeditado  y que Justina Morley hizo de carnada para llevarlo al lugar donde lo matarían. Los jóvenes sabían que Jason Sweeney había cobrado hace poco, así que el motivo fue el robo del dinero. Los cuatro adolescentes estaban felices de haber obtenido cada uno 125 US$. Los cuatro eran drogadictos y con el dinero aumentaron el consumo.

Edward Batzig dijo: ''Jason empezó a rogar por su vida, pero lo seguimos golpeando''.

Justina Morley declaró que empezó a fumar marihuana a los 10 años de edad, y luego continuó con la cocaína. Tuvo dos intentos de suicidio y sufría de depresión. Su defensa trató que fuera juzgada como adolescente para que entrara a rehabilitación, pero el jurado no lo aceptó. Fue declarada culpable de asesinato en tercer grado y a cambio de su testimonio, recibió una condena de 17 a 35 años en prisión.

En mayo de 2005, los restantes tres adolescentes (los hermanos Coia y Edward) fueron sentenciados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, por el asesinato en primer grado de Jason Sweeney, más un plus de 22 a 45 años por conspiración, robo, y posesión de armas. Ninguno de ellos mostró en algún momento remordimiento por el crimen.

domingo, 18 de enero de 2015

Sylvia Seegrist, asesina múltiple con delirios militares

Sylvia Seegrist

Sylvia Seegrist también ha sido catalogada como una asesina en masa. Nació el 31 de julio de 1960, en Springfield (Pennsylvania), Estados Unidos.

Mucho antes de que las balas empezaran a volar, casi todos en su entorno sabían que era una persona problemática. En su vecindario era conocida como "la Sra. Rambo".

Incluso su madre, Ruth Seegrist, estaba aterrorizada ya que no sabía cómo estabilizarla o controlar sus impulsos. En julio de 1985, Ruth escribió un artículo para un periódico de Pennsylvania, (The Springfield Press) describiendo cómo era la convivencia con su hija de 25 años, diagnosticada con esquizofrenia-paranoide. La madre muchas veces había enviado peticiones a dependencias del Estado para que internaran a Sylvia Seegrist, pero nunca obtuvo respuesta.

En un artículo en especial, se podía notar su creciente desesperación llamando a las autoridades para que actúen: “¿Qué necesitan? ¿Sangre derramada en el suelo?”.

Cuatro meses más tarde, la peor pesadilla de Ruth se hizo realidad. Alrededor de las 4 pm del miércoles 30 de octubre de 1985, Sylvia Seegrist, vestida con uniforme militar y botas negras, aparcó su coche en la parte delantera del centro comercial de Springfield. Se bajó del vehículo y comenzó a disparar al azar. Las balas de su rifle semiautomático Ruger 10/22 calibre 22, no dieron en sus primeros objetivos: una mujer en un cajero automático y un hombre caminando en el estacionamiento.

Un grupo de niños que se encontraban fuera del restaurante llamado Magia Pan, no tuvieron tanta suerte. Una bala terminó en el diminuto pecho de Recife Cosmen de 2 años, golpeándolo en el corazón. Sus dos primos, Tiffany Wootson de 10 años, y Kareen Wootson de 9 años, también recibieron disparos, pero pudieron recuperarse de sus heridas.

A partir de ahí, Sylvia Seegrist comenzó su recorrida dentro del centro comercial. Esta tragedia también se vio amplificada por las circunstancias de la fecha: al ser un día anterior a Halloween, muchos individuos que estaban en el centro comercial pensaron que el ruido de las balas era parte de un truco marketinero de la empresa, para darle una ambientación festiva a ese día. Recién cuando vieron sangre derramada, gente herida y escucharon gritos de verdadero terror, se percataron de lo que estaba sucediendo.

Los compradores se apresuraron a cubrirse en las bóvedas de joyerías, vestuarios, oficinas administrativas, y en cualquier lugar que los pusiera fuera de la vista de Sylvia Seegrist.

Ella continuó balanceando el rifle, disparando salvajemente de forma aleatoria hacia grupos de individuos que comían o recorrían las tiendas. La masacre le tomó apenas 4 minutos. En este lapso, disparó 15 tiros, hirió a 10 personas y causó la muerte a 3 de ellas. Además del niño Cosmen que recibió el disparo en el pecho, Augusto Ferrara, de 64 años, murió en el acto  y otro comprador, el Dr. Ernest Trout de 67 años, sufrió heridas en la cabeza, el abdomen y las nalgas. Murió pocos días después en el hospital.

El tiroteo podría haber seguido, si no fuera por un estudiante graduado, Jack Laufer, que estaba en el Centro Comercial junto a su novia, Victoria Loring, ambos de 24 años y técnicos en emergencias médicas. Los dos trabajaban para el cuartel local de Bomberos.

Jack Laufer vio a una mujer con traje de militar, disparando un rifle, y como la mayoría de los que estaban allí, pensó que se trataba de una broma de Halloween. Por eso, se le acercó a Sylvia Seegrist e intentó que “la broma” se detuviera debido a que estaba tornándose muy pesada, especialmente con los disparos atronadores. Ya no era algo divertido para el público que aún no se había cruzado con la tiradora y entonces, seguía creyendo que el Centro Comercial continuaba con la idea de asustar a los clientes.
 

Sylvia Seegrist entonces le apuntó a John Laufer y hubo un forcejeo, pero éste logró retenerle el arma. Un guardia de seguridad la tuvo bajo custodia mientras John llamaba a la policía, aún desconociendo que se había convertido en un héroe y que si no fuera por él, habrían existido más víctimas. Cuando descubrieron la cantidad de heridos a lo largo del Centro Comercial, él y su novia comenzaron a brindarles asistencia médica.

Socorristas asistiendo a las víctimas de la masacre

En su comparecencia, Sylvia Seegrist le gritó al juez: "Date prisa, hombre, tú sabes que yo soy culpable. Mátame en el acto”. Muy por el contrario, fue encerrada en la prisión del condado de Delaware.

En los días que siguieron, los reporteros no tuvieron problemas para encontrar testigos que detallaran la extraña vida de Sylvia Seegrist. Muchas personas habían tenido incidentes con ella. Era común que sus vecinos recibieran insultos y amenazas de su parte. Estaba obsesionada con el mundo bélico, mencionando guerras nucleares, y demostrando también una creciente paranoia al considerar que estaba siendo espiada. En 1984 se había anotado en la Armada Estadounidense, pero duró apenas dos meses a causa de su carácter explosivo. Un día llegó a apuñalar a un hombre, por lo que pasó 4 meses en prisión. Bebía cera para muebles y continuamente hablaba de matar gente, incluso, trató de estrangular a su madre.


Cuando salieron a la luz los primeros informes de que una mujer había atentado contra un centro comercial en Springfield, todos los que la conocían supieron con certeza que Sylvia Seegrist era la responsable.

La asesina había sido una niña feliz y una estudiante brillante hasta que cerca de los 13 años, algo salió terriblemente mal. Su madre dijo que el declive se inició después de que Sylvia le contara que “su abuelo la había molestado”.

Nota aparte del caso: es increíble la negligencia de las autoridades en no hacer nada respecto a los pedidos de la madre de Sylvia y además, parece claro que fue abusada por su abuelo ¿Alguien intentó ayudarla luego de esto?

A los 15, Seegrist ya era consumidora de marihuana y tenía una vida promiscua. Poco después, fue diagnosticada con esquizofrenia y su caso era tan severo, que pasó por una docena de internaciones en un período de 10 años. Sin embargo, las leyes aún no permitían que un paciente fuera encerrado en contra de su voluntad, por lo tanto, sus estadías en los centros de salud fueron muy breves, insuficientes para tratarla.


Más víctimas siendo asistidas

Los medicamentos para pacientes psiquiátricos en ese momento tenían efectos secundarios muy adversos. Aquellos que podían ayudarla, terminaron enfermándola, por este motivo se negó a cosumirlos. A pesar de los actos cada vez más violentos y de las fantasías cada vez más pujantes, se las arregló para adquirir un arma.

El 22 de marzo de 1985, trató de comprar un rifle en una cadena de tiendas, pero los vendedores al echar un vistazo a su atuendo militar (que usaba todo el tiempo) y a su comportamiento extraño, le dijeron –mintiéndole- que en ese momento se habían quedado sin stock de armas.

Una semana más tarde, en otra tienda lograría adquirir una: llenó todos los formularios requeridos, incluyendo uno en el que preguntaban si alguna vez había tenido problemas mentales o problemas con la ley. Sylvia Seegrist mintió y logró salir con el rifle que usaría siete meses más tarde contra el centro comercial de Springfield.

En junio de 1986, un jurado la encontró culpable. Recibió tres cadenas perpetuas consecutivas, además de 10 años de prisión por cada persona herida.  Por fin, alguien había respondido a las oraciones su madre, Ruth Seegrist. El juez le aseguró que su hija nunca volvería a ser libre.

Hoy en día, Sylvia Seegrist permanece tras las rejas y su nombre surge cada tanto, cuando emergen nuevos asesinos en masa y la prensa recuerda su caso.

Considero que esta tragedia se podría haber evitado si las autoridades locales y la familia de Sylvia le hubiesen prestado más atención, especialmente el quiebre que tuvo en su adolescencia cuando fue víctima de abuso. Este caso como el anterior, son ejemplos en los que las principales responsables no son las asesinas que portan armas, sino los adultos que las rodean y que no ejercen una educación responsable y ejemplificadora.

Podríamos decir que Sylvia Seegrist lleva ahora una vida que tal vez es mejor a la que tuvo anteriormente: en el penitenciario hace deportes, toma cursos de física y lenguaje, trabaja en la lavandería de la prisión  y se encuentra más estable gracias a la medicación de esta época. Allí mismo, también estuvo por terminar la carrera de psicología.

Además, cuando lograron detenerla, un guardia le preguntó por qué lo había hecho. Su respuesta fue: “Mi familia me pone nerviosa”. Era una bomba de tiempo que cualquier situación la haría estallar y esto estaba a la vista de todo su entorno. Todos ellos son en algún grado (junto con las autoridades que no le prestaron atención a su caso) responsables de las 3 muertes que causó en el Centro Comercial.

sábado, 17 de enero de 2015

Brenda Ann Spencer "I don't like Mondays"

Brenda Ann Spencer

Todos en algún momento hemos detestado el primer día de la semana, ya sea porque significa la vuelta a nuestros trabajos o estudios, y por ser el primero siempre pesa un poco más que los siguientes días. Si pudiéramos evitarlo, muchos haríamos “cualquier cosa”, pero el personaje de esta historia es una excepción.

La joven Brenda Ann Spencer rompió con lo imaginable al llevar su desagrado por el lunes a otro nivel, haciendo temblar a toda una nación.

Nació el 3 de abril de 1962 en San Diego, California. A sus 16 años era una típica chica de los años 70’, algo introvertida, creciendo en el hogar de unos padres recién divorciados y enfrentándose a una sociedad llena de estereotipos. Nunca alguien hubiera imaginado que bajo la apariencia de timidez de Brenda Ann, se ocultaba una potencial asesina a sangre fría.

En la Navidad de 1978, su padre Wallace Spencer con el cual vivía, le regaló un rifle calibre 22 con mira telescópica y 500 municiones ¡vaya padre! lo que hizo que Brenda se pusiera muy feliz pues, tenía cierta afición a las armas de fuego y a las historias llenas de violencia con las cuales fantaseaba muy a menudo. Además, deseaba dispararle a un policía.

La mañana del lunes 29 de enero de 1979 parecía ser normal para todos excepto para Brenda Spencer, quien estaba decidida a re-escribir la historia posicionándose en el centro de atención, forma curiosa de disipar su aburrimiento. Estando sola en casa, vio el momento preciso para que sus fantasías por fin cobraran vida. Tomó su rifle y se posicionó en una ventana encontrando rápidamente un objetivo: la escuela elemental de Cleveland que se ubicaba justo enfrente de su casa.

Brenda Spencer comenzó a disparar hacia los alumnos mientras reía, haciendo de ésta una escena llena de locura. Para tener 16 años, su puntería era muy buena, hiriendo rápidamente a 8 alumnos. El director de la escuela, Burton Wragg trató de protegerlos y se interpuso entre las balas y los niños, perdiendo así la vida al igual que el celador Mike Suchar, quien trató en vano de ayudarlo. 

Al llegar la policía, Brenda Spencer le recibió con disparos hiriendo a uno de ellos en el cuello. Los oficiales rodearon su casa de inmediato. Durante 6 horas permaneció atrincherada hablando con los negociadores. Al rendirse y ser capturada, se le preguntó en el interrogatorio el por qué de sus acciones. Brenda Spencer sólo se encogió de hombros y respondió: “No me gustan los lunes, sólo lo hice para alegrarme el día no tengo una razón más, fue por divertirme. Me gusta el rojo y el azul de las chaquetas de los alumnos. Vi a los niños como patos que andaban en una charca y a un rebaño de vacas rodeándolos. Eran blancos fáciles para mí”. Brenda Spencer fue juzgada como adulta y declarada culpable de dos asesinatos y asalto con arma mortal. Fue sentenciada a una condena de entre 25 años a cadena perpetua con opción de libertad condicional.

Desde el incidente, ella ha pedido libertad bajo palabra 4 veces, dando 4 argumentos diferentes, entre ellos: que no fue quien disparó sino los policías, también alegó en su defensa que se encontraba bajo la influencia del alcohol y a pesar de encontrar botellas medio vacías en la casa, no presentó signos de intoxicación alcohólica. En las audiencias del 2001, y la más reciente en el 2009, Brenda Spencer aseguró ser víctima de maltrato y abuso por parte de su padre bajo los influjos del alcohol. A esta acusación, él respondió que no era cierto ya que se auto-identificó gay desde su nacimiento. Ella alegó que esa experiencia de abuso y maltrato la llevó a cometer este crimen.

Al negársele las peticiones de libertad bajo palabra, tendrá otra oportunidad de solicitar la libertad en el año 2019.

El crimen de Brenda Spencer y su falta de remordimiento inspiraron al músico Bob Geldof que compuso el tema I don’t like Mondays, donde se comentan los hechos ocurridos en la fatídica fecha. La canción fue un éxito del grupo británico Boomtown Rats, del cual Bob era vocalista.

La profundidad de la mente humana es incalculable al igual que todo lo que la rodea, pero cuesta creer que esta canción haya sido entonada por millones de personas,  enganchadas por sus melodías alegres. Algunos conocen la sombría historia detrás de la misma, pero otros no. I don’t like Mondays es un homenaje lúgubre a un acto cruel, producto de la sangre fría de la joven Brenda Ann Spencer

El padre de la asesina también debería haber ido preso. Un menor en su sano juicio reconoce las consecuencias de sus acciones, pero poseer un arma -es decir, tener el poder de decidir sobre la vida de otras personas- es una responsabilidad muy grande para alguien que todavía no tiene suficiente madurez mental.

El texto de la publicación puede encontrarse en el siguiente video: Brenda Ann Spencer

martes, 13 de enero de 2015

Kimberly Michelle Hricko, asesinato en San Valentín

Kimberly Hricko

Kimberly Hricko era una técnica quirúrgica con mucho futuro, nacida en 1965 en Maryland, Estados Unidos.

No pudo haber elegido una mejor fecha para asesinar a su marido: lo mató el 14 de febrero en plena víspera de San Valentín. El asesinato ocurrió en 1998 y fue arrestada 3 meses después.

Aunque ella y su marido llevaban una vida cómoda de clase media, el motivo del crimen fue el cobro del seguro de vida de su pareja, Stephen Hricko, quien tenía 35 años. Kimberly le inyectó ácido clorhídrico y luego prendió fuego la habitación del hotel que estaban compartiendo.

La imagen brillante y suburbana del esposo (que había estado con ella 9 años) se desvaneció entre el humo y las llamas del día de los enamorados. Ambos se habían trasladado a la costa este de Maryland, en una escapada romántica que los llevó hasta un campo de golf que ofrecía un paquete de San Valentín: un complejo propicio para unas merecidas vacaciones. En el complejo se organizó un juego entre todos los adultos presentes, lugar en el que vieron una novela policíaca y luego trataron de resolver entre todos el asesinato que acontecía. Pero nadie estaría preparado para vivir ese día, una trama policíaca 100% real y extremadamente espesa, cuando se descubrió que en la habitación donde se hospedaba la pareja
Hricko, aparecería más tarde el cuerpo carbonizado de Stephen.

Aunque
Kimberly Hricko afirmó que su marido se había emborrachado y que murió por la inhalación de humo, la autopsia no mostró signos de alcohol o de monóxido de carbono que debería haber quedado en su cuerpo. Además, los amigos y compañeros de trabajo de la acusada declararon que ella había confiado sentirse “amargamente infeliz” en su matrimonio, y que además quería deshacerse de su marido… no obstante, nunca sospecharían que esta declaración sería tan literal. Por otra parte, un compañero de trabajo declaró que Kimberly Hricko le ofreció 50.000 dólares para asesinar a su marido. También surgieron fuertes rumores de que ella estaba teniendo una aventura con un hombre más joven.

En el juicio de Kimberly Hricko, se descubrió que ella había utilizado un paralizador muscular casi imposible de rastrear (usado como anestésico en la cirugía). En altas dosis, la sustancia paraliza el diafragma y detiene la respiración del sujeto, produciendo un daño cerebral fatal en cuatro minutos. El crimen sería para recoger la póliza de seguros de US$ 400.000. 


Otra prueba en su contra fue el cigarrillo que dejó intencionalmente en la escena del crimen, para que la habitación tomara fuego: diría en su defensa el marido lo dejó prendido accidentalmente y que al estar borracho no reaccinó cuando todo se prendió fuego. La policía pudo comprobar que esa marca de cigarrillos la había adquirido ella previamente, aún cuando negó en un principio haber sido quien los compró.

Kimberly Hricko fue declarada culpable de ambos cargos (incendio y asesinato en primer grado) el día 20 de marzo de 1999 y condenada a cadena perpetua más un plus de 30 años de prisión.

Un detalle anecdótico es que la fama del hotel creció después del asesinato y a menudo, los huéspedes solicitan la habitación donde murió Stephen Hricko.

sábado, 10 de enero de 2015

Arline Lawless

Arline Lawless

Arline Lawless (también conocida como Arline Seavey) de 25 años, mascaba chicle constantemente y hablaba con monosílabos mientras se declaraba culpable en la Corte Superior del Condado de Knox, por haber matado a tiros a su novio de 34 años de edad, Norman Benner.

Lo mató mientras él dormía. Los motivos del asesinato: estaba atemorizada de que Benner pudiera dejarla por otra mujer. Luego de la masacre, se disparó a sí misma en el rostro y se quedó en el dormitorio con el cuerpo de Benner durante al menos un día, hasta que fueron descubiertos por miembros de la familia del hombre asesinado.

Arline Lawless y Norman Benner habían estado saliendo durante casi 4 meses, pero él no estaba pasando del todo bien en su relación. Una vez le confesó a su madre que “Arline Lawless era tan pegajosa que sería capaz de despertarlo en el medio de la noche para preguntarle si tenía intenciones de dejarla”.

Situaciones similares a la descrita condujeron a Norman Benner a ponerle fin a la relación, pero aunque intentó dos veces cortar el noviazgo, fue imposible a causa de las peleas desatadas. Cuando fue a casa de Arline Lawless para enfrentarla definitivamente, él no volvió a aparecer.

Esa noche, cuando Norman Benner no regresaba, su madre, padre y hermana comenzaron a preocuparse. Al dirigirse hacia el domicilio de su novia encontraron a Benner con un disparo mortal en la parte trasera de la cabeza, en uno de los cuartos. Ella también estaba herida, pero no muerta.

Si bien en un principio, la asesina dijo desconocer lo que le había sucedido a su novio, más tarde terminó confesando el crimen.
Arline Lawless intentó que se la declarara inimputable alegando que a los 14 años había sufrido un accidente automovilístico que la dejó con problemas de salud mental, pero luego de las pericias psicológicas, los investigadores determinaron que se encontraba “completamente lúcida” para entender sus actos y las consecuencias de los mismos. Había estado planeando el crimen e incluso pidió prestada un arma para cometerlo. Se sospecha que las únicas causas fueron los celos y el deseo de controlarlo completamente para que no volviera a estar con ninguna otra mujer. Sin embargo, Arline Lawless no ha explicado formalmente los motivos del asesinato.

Fue condenada a 35 años de cárcel. A pesar de que el crimen haya sido castigado, la madre de la víctima (Dawn Benner) no está conforme con la sentencia por la muerte de su hijo: “No es satisfactorio en absoluto. Eso no es justicia, la asesina podrá caminar por las calles en 32 años”, es decir, la pena puede verse reducida por buena conducta. El asesinato se consideró por la Corte Superior bajo la carátula de “violencia doméstica”.

viernes, 2 de enero de 2015

Aileen Wuornos

Aileen Wuornos

Aileen Wuornos fue considerada la primera asesina en serie por el FBI. En los tribunales, admitió que cometió todos sus crímenes sin remordimiento alguno y que si saliera libre los volvería a cometer. Aileen Wuornos fue el perverso resultado de una infancia infeliz y tortuosa. Un ser trastornado que mostró con violencia su odio hacia la humanidad.

Hija de un abusador de menores a quien nunca conoció, ella y su hermano fueron criados por sus abuelos que los adoptaron y se hicieron pasar por sus verdaderos padres, hasta que a los 12 años, el descubrimiento de la verdad la marcaría para siempre.

Su abuelo era alcohólico y abusaba físicamente y psicológicamente de Aileen. Esto la convirtió en una joven solitaria y retraída que no lograba empatía con nadie en la escuela o en el barrio. Aileen Wuornos también comenzó a prostituirse en la pubertad con los chicos de la escuela a cambio de unas monedas y cigarrillos. A los 14 años quedó embarazada y su bebé fue dado en adopción. Siguió prostituyéndose y comenzó a robar.

A los 20 años se mudó a Florida donde siguió su vida delictiva, descrita como una persona explosiva que generalmente estaba drogada o alcoholizada. Fue apresada en múltiples ocasiones por manejar ebria, no tener licencia, robo de automóviles, disturbios en lugares públicos y robo a mano armada, por lo que pasó tres años en la cárcel.

En 1986 conoció a Tyria Moore en un bar gay y pronto se fueron a vivir juntas pero pasaban por problemas financieros debido a que Aileen Wuornos ya no conseguía tantos clientes. Su primer asesinato lo cometió en 1989 cuando abordó a Richard Mallory en la carretera. Según Aileen, el hombre  se tornó agresivo y trató de violarla por lo que le disparó cuatro veces con su arma.

A partir de entonces, su violencia se volvió incontrolable. Aileen Wuornos estableció un patrón: atraía camioneros o gente de la carretera, los mataba de varios balazos, les robaba y los dejaba tirados en alguna parte del camino. Luego de otros seis asesinatos, todos cometidos en 1990, la policía pudo atraparla gracias a que tuvo que dejar sus huellas digitales en una casa de empeño, cuando vendió un objeto robado a unas de sus víctimas. La policía hizo un trato con Tyria Moore, le ofreció impunidad a cambio de contar todo lo que sabía sobre Aileen Wuornos y de convencerla de confesar sus crímenes.

Finalmente Aileen, admitió sus delitos pero aseguró que el primero fue en defensa propia. Durante el juicio no mostró arrepentimiento alguno y manifestó su profundo odio contra la humanidad, asegurando que volvería a matar si quedara libre. Fue sentencia a morir por inyección letal, condena que se cumplió en octubre de 2002. Su historia fue llevada al cine en la película Monster protagonizada por Charlize Theron, cuyo papel le valió el Oscar como Mejor Actriz en el año 2004. 

El texto de la publicación puede encontrarse en el siguiente video: Las mujeres asesinas más perversas de la historia

jueves, 1 de enero de 2015

Wendi Andriano. El nombre propio de la crueldad

Wendi Andriano 
Wendi Andriano nació el 6 de agosto de 1970. Es una asesina estadounidense que actualmente se encuentra en el corredor de la muerte, en el estado de Arizona. Fue condenada en el año 2000 por el asesinato de su esposo que se encontraba en la etapa final de una enfermedad terminal.

En enero de 1994 se casó con Joseph (Joe) Andriano y a los pocos años de casados, Joe cayó enfermo. Después de varios diagnósticos incorrectos, los médicos descubrieron en 1998 que sufría de un carcinoma adenoide quístico. Para ese entonces, su enfermedad ya era terminal. Joe probó con terapias holísticas pero en el año 2000 no tuvo más remedio que recurrir a la quimioterapia. 
La pareja había tenido dos hijos y Wendi Andriano estaba trabajando como manager de edificios. Sin embargo, comenzó a sentirse superada por tener cada vez más responsabilidades y por tener que cuidarlo, entonces, comenzó a frecuentar bares y a tener aventuras mientras su marido -como podía- se hacía cargo de los hijos.

En la mañana del 8 de octubre del año 2000, Wendi Andriano golpeó a Joe de entonces 33 años con un taburete y le destrozó la cabeza. También lo apuñaló en el cuello con un cuchillo de 13 pulgadas en el apartamento que compartían.
Su autopsia reveló que había sufrido 23 golpes en el cráneo y se encontraron en su sistema rastros de azida de sodio. Resulta que primero lo había envenenado, pero como la larga agonía de Joe parecía no tener fin (el veneno demoraba mucho en matarlo) fue que recurrió a los golpes y al uso del arma blanca.

Aproximadamente una hora antes de que su marido muriera,
Wendi Andriano había llamado a una vecina para que esta se quedara cuidando a los hijos mientras ella lo llevaba al hospital. Pero cuando la vecina llega al apartamento, la asesina le impide entrar. Resulta que él había vomitado el veneno, así que ésta debía seguir actuando para que muriera. Preocupada, la vecina llamó al 911 pero cuando los paramédicos llegaron al apartamento, Wendi Andriano les dio la espalda, declarando que Joe tenía una orden de no resucitarlo porque su deseo era morir y entonces, los paramédicos dejaron el lugar. Pero luego, una hora más tarde, Wendi Andriano llamó nuevamente al 911, reportando que había tenido que apuñalar a su marido en defensa propia. Agregó además que él era un abusivo que la lastimaba física y psicológicamente.

Esta fue una excusa nada creíble ya que estando Joe tan débil por la quimioterapia (y por las consecuencias del envenenamiento) el único indefenso era él.
Wendi Andriano fue acusada de asesinato y el juicio comenzó cuatro años más tarde, el 23 de agosto de 2004. Aunque no tenía antecedentes penales, recibió la pena de muerte.

Los fiscales pudieron determinar que la causa del asesinato fue el dinero y porque no tenía ganas de cuidarlo. Lo más insólito del caso es que el marido habría muerto apenas un tiempo después, a causa de la propia enfermedad. 
La evidencia hallada demostró además que Wendi Andriano había tratado de instaurar un seguro de vida para su marido ya convaleciente.
Asimismo, los fiscales argumentaron ella denunció por mala praxis a los médicos de Joe. Intentaron probar que Wendi uso azida de sodio (y también pesticida) para hacer creer que su marido había muerto de un paro cardíaco. En este punto, no obstante, encontré la versión de que ella les ganó el juicio a los médicos.

En su defensa, Wendi Andriano dijo que era maltratada por Joe y que él tuvo un arranque de furia cuando se enteró que salía con otros hombres. Dijo también que lucharon con el cuchillo y que debió matarlo en defensa propia. A pesar de su dramático testimonio, el 18 de noviembre de 2004 fue encontrada culpable de asesinato en primer grado y un mes más tarde llegó su sentencia. 

Ya que fue un crimen considerado de mucha atrocidad, crueldad y depravación con un paciente terminal,
Wendi Andriano resultó condenada a muerte por inyección letal el 22 de diciembre 2004.

Apeló la condena en el año 2007, alegando que su sentencia se había basado injustamente en sus romances clandestinos o en el intento de cobrar un seguro ilegalmente, por lo cual fue perjudicada y no obtuvo un juicio justo.

También afirmó que a los jurados no se les permitió considerar cargos menores, como el asesinato en segundo grado o el homicidio. En última instancia, su condena fue confirmada por la Corte Suprema de Arizona en julio de 2007. 

Después de que su apelación fuera desestimada,
Wendi Andriano continúa intentando demostrar con sus abogados que fue condenada de forma parcial, y que los fiscales actuaron motivados por estereotipos de género, debido a los episodios de infidelidad. Si su caso es revisado, podría continuar con las apelaciones, pero de lo contrario,  permanecerá en el corredor de la muerte.

domingo, 28 de diciembre de 2014

María Alejandra Lafuente Casco, la descuartizadora de Ciudad de México

María Alejandra Lafuente

María Alejandra Lafuente Casco es una psicóloga que descuartizó el cuerpo de su esposo y luego esparció los restos en distintas partes de la Ciudad de México.

El nombre de la víctima era Allan Carrera Cuellar, e ironías de la vida, parece que se encontró con la psicóloga luego de que su hija se la presentara, ya que la joven era paciente de María Alejandra Lafuente. En su consultorio, la asesina atendía a jóvenes y adolescentes pero dejó de tratar a la chica cuando esta se enteró que su padre estaba saliendo con la profesional.

Según afirman algunos portales de Internet, Allan Carrera Cuellar tenía problemas con el alcohol y sufría de depresión. Tampoco tenía trabajo, aunque sí contaba con algunos negocios en el Distrito Federal que le permitían un buen pasar. Él también hacía terapia, casualmente con el padre de la descuartizadora, el Dr. Alberto Eduardo Isidro Lafuente Grimaldi.

Cuando Allan Carrera desapareció, el Doctor llamó a los padres del propio desaparecido y les informó que tampoco podía ubicar a María Alejandra Lafuente (su hija y pareja del desaparecido). Luego descubrió que ella se había internado en el Instituto Nacional de Psiquiatría (para ocultarse según mencionan algunos medios), con la policía ya pronta para arrestarla.

Los restos de Allan Carrera habrían desaparecido en una maleta roja que María Alejandra Lafuente transportó en su camioneta. El asesinato habría ocurrido terminando octubre o a comienzos de noviembre del presente 2014, dejando la Ciudad de México con partes del cuerpo esparcidas por doquier. Los capitalinos encontraron un torso humano despojado de las extremidades torácicas y pélvicas en la esquina de las calles Anáhuac y Quintana Roo, en la colonia Roma de la delegación Cuauhtémoc.

También se reportó por la tarde que en la calle Jaspe, en la colonia Valle Escondido (Tlálpan) se hallaron distintos restos humanos en bolsas de plástico negras, pertenecientes a las extremidades superiores e inferiores, aunque no tenían las manos ni los pies.

Los restos fueron trasladados al instituto de Ciencias Forenses donde los investigadores pudieron determinar que pertenecían a un mismo cuerpo, aún sin identificar. Posteriormente, gracias al trabajo de la Procuraduría y a la información del Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), pudieron dar con la identificación del cuerpo. Se trataba de Allan Carrera Cuellar de 41 años.

La psicóloga María Alejandra Lafuente, quien descuartizó a su marido en noviembre pasado, puede estar involucrada en otros homicidios.

María Alejandra Lafuente en la playa
La asesina ya había estado detenida en otra oportunidad por haber tratado de quitarle la vida a su primer marido frente a su hija. Por otra parte, su ex paciente (la hija del hombre descuartizado) explicó a las autoridades que también habido sido amenazada de muerte por la propia psicóloga, cuando se opuso a que ella saliera con su padre. Como si fuera poco, hay sospechas de que María Alejandra Lafuente pudo haber cometido otro asesinato en el 2012, año en que las autoridades encontraron un balde con una cabeza humana y un brazo, afuera de la casa de la familia Lafuente. En el intento de asesinato de su primer marido, fue declarada inimputable lo cual no resultó impedimento para regresar a su profesión.

Según declaraciones del primer esposo de María Alejandra Lafuente Casco, ella habría tratado de asesinarlo de la siguiente forma: le pidió que entrara a la sala y se sentara en un sofá que extrañamente estaba cubierto de plástico. En un principio se negó, pero la cónyuge le dijo que su hija tenía usa sorpresa para él y procedió a taparle los ojos.
Sin embargo, al no oír que la niña se acercara ni tampoco su voz, terminó de comprender que algo pasaba, al momento que recibe un fuerte golpe en el cráneo con el atizador de la chimenea. La víctima se quitó inmediatamente la venda de los ojos y le pidió a
María Alejandra Lafuente que se calmara, pero continuó recibiendo agresiones. Al intentar escapar, notó que la puerta estaba cerrada y además, la agresora tomó un cuchillo de cocina con el cual lo hirió en el abdomen y en la espalda. Estaba acorralado. Intentó quitarle el cuchillo de las manos, pero ella le mordió el brazo. También intentó inyectarle una sustancia con una jeringa.

Como mencionábamos, todos estos hechos fueron presenciados por la hija del atacado. María Alejandra Lafuente terminó presa, pero quedó libre al ser declarada inimputable.

El asunto tampoco termina aquí: con un hombre muerto, otro casi asesinado y un crimen que data del 2012 que también apunta a ella, al parecer, la acusada tendría la ayuda de su padre, el Dr. Alberto Lafuente Grimaldi, quien sería cómplice al encubrirla y desviar la atención de la opinión pública.

En el caso de la muerte de Allan Carrera Cuellar, también se sospecha que el doctor pudo haber estado implicado e incluso, planificado la muerte del paciente durante años para despojar a la víctima de sus bienes (los cuales hasta el momento, están desaparecidos). Supuestamente, la familia de psicólogos tendría participación en las muertes mencionadas, de este modo, existen sospechas de que en realidad se trata de una banda de asesinos seriales.

Para este crimen, la asesina usó el celular de la víctima para enviar mensajes a los familiares del descuartizado Allan Carrera, y que sus allegados creyeran que se encontraba bien, por ende, evitando que lo denunciaran como desaparecido.

María Alejandra Lafuente ha sido acusada por el delito de homicidio calificado con razón de parentesco. En su domicilio, fueron halladas la cabeza y las manos de Allan Carrera, es decir, las partes faltantes de los restos que se encontraron en la ciudad. También se halló una sierra eléctrica. Los peritos dieron con rastros de sangre en una de las recámaras del baño, un colchón y un trozo de alfombra cortados, que seguramente contenían la sangre de la víctima.
María Alejandra Lafuente será además investigada por el crimen del año 2012.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Dorothea Puente

Dorothea Puente

Para todos, era una dulce anciana que ayudaba a enfermos, alcohólicos y otros ancianos recibiéndolos en su casa. Nadie podía imaginar que este ángel guardián de los indefensos, era en realidad una asesina serial que se aprovechaba del desamparo de sus víctimas para aniquilarlos y seguir cobrando sus pensiones.

Dorothea Puente nació en California en 1929. Sus padres murieron cuando ella era aún una niña por lo que pasó un tiempo en un orfanato y luego en casa de sus tíos. Ya de grande cuando su esposo la abandona, mintió diciendo que había muerto. A partir de entonces, buscó ganarse la vida no siempre honestamente. 

El primer ingreso a la prisión de Dorothea Puente fue por falsificar cheques, aunque volvió a la cárcel a causa de numerosos delitos: por regentar un burdel, por vagancia y por falsificar las firmas de sus pacientes cuando colocó una casa de ancianos a comienzos de la década de los 80s. 

Después de este incidente, Dorothea Puente tenía prohibido abrir otra casa de ancianos, así que siguió con el negocio en la ciudad de Sacramento en asociación con otra mujer de nombre Ruth Munroe, que también tenía en la casa alojado a su esposo. Este hombre sufría de una enfermedad terminal. En mayo de 1982, Ruth Munroe moría por sobredosis de codeína (Paracetamol)… al parecer, esta fue la primera víctima de la complaciente anciana.

Un nuevo ingreso a la cárcel en 1982 por drogar y robar pertenencias a uno de sus pacientes, la envió otros tres años a prisión desde donde sostuvo correspondencia romántica con un hombre de 77 años, de nombre  Everson Gillmouth. Con él vivió unos meses luego de quedar libre, hasta que Everson desapareció misteriosamente.

Para entonces, Dorothea Puente ya estaba nuevamente en el negocio de las residencias para ancianos y eventualmente alcohólicos y desamparados. Se hacía cargo de la correspondencia de sus clientes y cobraba sus pensiones entregándoles una pequeña parte y reteniendo más de la mitad para gastos de su manutención. Todo parecía marchar bien, hasta que la desaparición de un alcohólico esquizofrénico levantó las sospechas de una trabajadora social. Al saberse que por ese tiempo pasaba en la casa de Dorothea Puente, las autoridades se presentaron para hacer las averiguaciones. Al encontrar tierra removida a un lado de la casa, decidieron averiguar qué había en el lugar. Grande fue la sorpresa cuando hallaron un cadáver. Siguieron removiendo escombros hasta encontrar un total de siete cuerpos. 

Dorothea Puente de 61 años se las ingenió para huir a Los Ángeles, pero fue reconocida por un anciano que la vio en las noticias. Se la acusó de nueve crímenes, incluyendo el de su pareja Everson Gillmouth quien fue hallado en una gran caja a orillas de un río. 

Dorothea Puente había envenenado a todas sus víctimas con altas dosis de diversos medicamentos y había seguido cobrando sus pensiones. A siete de ellos los había enterrado en su jardín en donde solía cultivar muchas flores seguramente para disimular las atrocidades.

Fue encontrada culpable en tres de las nueve muertes y condenada a cadena perpetua. Murió en el 2011 a los 82 años.

El texto de la publicación puede encontrarse en el siguiente video: Las mujeres asesinas más perversas de la historia
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